Saul Laiter

06 de febrero, 2018 - Artículos de Grau - Comentar -
"Con frecuencia las fotografías están consideradas
como instantes de realidad pura;
 cuando, en verdad, se trata de fragmentos
de recuerdos de un maestro".undo inacabado."
 

 

 
...¿Es la fotografía un arte menor? ¿Tiene la pintura realista, la académica o la neoclásica más categoría que la impresionista, la simbólica o la abstracta? ¿El arte ha de dar cuenta de la realidad tal cual su apariencia nos la muestra? ¿Es el arte meramente visual? A todas estas preguntas habría que contestar, tanto si lo hacemos sensata como insensatamente, con una rotunda negativa. Y esto es así porque el arte siempre ha querido ir más allá, no representar las apariencias sino intentar presentar la trascendencia de un universo en su mayor parte desconocido. El ser humano se hace preguntas, y aquéllas de más difícil respuesta las contesta por medio del arte.
...Actualmente hay una discusión muy viva sobre lo que se considera o no arte. La democratización de las sociedades, cual pandemia imparable, se ha extendido llegando incluso a contagiar la concepción de sus manifestaciones culturales. La consideración de la individualidad como portadora de un valor de salida equiparable, en su legitimidad, en todos sus niveles, es decir, igualitario, ha determinado el aplanamiento o achatamiento del mismo valor de lo que es el arte --puesto así al servicio y expresión de cualquiera; ya que se acepta que cualquiera dispone de un capital, por mínimo que sea, de creatividad artística factible de ser puesto "en el mercado"-- trayendo consigo, al mismo tiempo, una cierta, patética y lógica confusión. Así, ya, a los verdaderos artistas se los ha de distinguir por la intensidad, perfección o virtuosismo de sus obras, por la originalidad de sus propuestas, o por el más o menos unánime acuerdo de los llamados críticos del arte (un a modo de escuela de traductores que nos ilustran y aleccionan sobre el verdadero valor de las propuestas artísticas). Lo que antes era normal (el artista con valor y capacidad para serlo) ahora se ha de calificar de excepcional; puesto que lo normal es que cada cual pueda tener su chance de expresión artística. De esta forma: todo el mundo pinta (hay escuelas de pintura para un público que antes era mero observador), todo el mundo escribe (hay seminarios de escritura creativa para legos con inquietudes), todo el mundo modela y esculpe (existen academias de escultura y artes aplicadas donde cualquiera puede ir a hacer sus pinitos metiendo manos en la arcilla, emulando a Fidias, Bernini o Canova), y todo el mundo tiene una cámara de fotografía con la que realizar sus obras maestras parangonando a Avedon, Cartier Bresson, Cappa o Helmut Newton. La música aún resiste: su carácter matemático, imbuido de abstracción ordenada, le mantiene al margen de esta tendencia permeabilizante y vulgarizadora (aunque no deja de ser asiduamente violentada por quienes, eficientes en la categoría de lo popular, se empeñan en sentar cátedra de eximios compositores; la pérdida de sutileza y gusto auditivos contribuyen a este marasmo de democrática mediocridad).
...Dicho sea como declaración de intenciones: yo no es que esté en total desacuerdo con esta democratización del hecho artístico; el derecho más elemental acoge a cada cual a expresar con propia y única voz su perspectiva de la realidad (yo mismo lo hago), otra cosa es que eso otorgue de facto una especie de carnet de artista (músico, pintor, escultor, poeta, novelista o fotógrafo), un sello de garantía artística, un salvoconducto para acceder a Parnasos y Helicones. Nada de eso existe. Al artista se le reconoce, antes o después (muchas veces, desgraciadamente para él, después), por la categoría de su obra, por las nuevas vías de expresión que abre, por su apuesta originalísima capaz de trazar un recorrido transversal por medios, instrumentos y expresiones pertenecientes a distintos campos del conocimiento. Al artista lo hace y lo sostiene su obra, una obra que de modo sólido y continuado recrea un universo; no basta con un destello, un fogonazo, un chispazo: ha de haber constelación.
 
...Y esto nos trae a dónde yo quería llegar. Hoy día cualquiera hace fotos. Ya incluso no se necesita un enorme espacio para archivar los álbumes de instantáneas, basta una simple tarjeta para comprimir miles de ellas; tampoco se necesita un laboratorio de revelado (no hay nada que revelar -ni el significado de lo fotografiado guarda ninguna revelación). Basta mirar, apretar un dispositivo (que ya ni hace click), tener cuidado de no mover la cámara mientras se dispara, y ya está: un fragmento de realidad detenida, congelada, aplastada... y desvirtuada, además de parcial, irreal, simple y fría.
...Saul Leiter es el ejemplo más ilustrativo para demostrar al no iniciado qué puede ser arte en la fotografía, qué es lo que hace que una instantánea tenga vida propia y significación dinámica, pulsátil, cambiante. Fue, este judío de Pittsburg predestinado al estudio del Talmud, un pionero del empleo del color en la fotografía artística (hasta entonces, sólo reservada al blanco y negro), uno de los primeros --si no el primero-- en demostrar que el color no sólo era un reclamo publicitario o de uso exclusivo de la moda (sus fotos en este campo, desarrolladas en Esquire y Harper's Bazaar durante los años '50 y '60, siempre son identificables por un estilo propio que va más allá de la simple exposición del objeto publicitado). Es un tópico --que él recibe como un cumplido-- decir que las fotografías en color de Leiter trascienden el ámbito fotográfico para invadir de lleno, y muchas veces de forma harto soberbia, el pictórico; es una realidad que aquí comprobaremos. No obstante, su blanco y negro no adolece de menos originalidad, de menos estilo, de menos profundidad (y eso, también lo comprobaremos). Estamos ante un caso singular de artista modesto, casi desconocido, que tuvo una gran influencia en una época de grandes fotógrafos, allí, en aquel New York efervescente de propuestas artísticas que a partir de los años '40 inundaría el mundo con una de las mayores y más intensas etapas de diversidad creativa que la Historia ha conocido (aun hoy se notan los efectos de aquella explosión de creatividad en una débil onda expansiva que ni el 11-S ha podido contener).
 

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